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Rezando con los refugiados en Camboya: el retorno requiere confianza y un perdón constante
01 septiembre 2013

Antes de celebrar la misa juntos, el personal del JRS y los participantes del taller escucharon a Sok Eng, quien compartió lo difícil que puede ser el camino del perdón (Saifudin Amsa/JRS Indonesia).
Cuando no tenía ya fuerzas suficientes, me desprendía de mis posesiones materiales y aceptaba que lo que tenía que pasarme, me iba a pasar; gracias a esta confianza logré sobrevivir.
Siem Reap, 1 de septiembre de 2013 - Cuando el paisaje que rodea nuestro hogar es un constante recordatorio de una injusticia terrible, ¿cómo perdonar y seguir adelante con los vecinos que alguna vez fueron nuestros carceleros?

En junio de 2013, más de 20 antiguos y nuevos miembros del personal del JRS procedentes de doce países se reunieron en el plácido Centro Interconfesional de Retiros Mihndol Metta Karuna de Siem Reap, Camboya, para debatir sobre el concepto Reconciliación.

El objetivo del taller - el primero de este tipo - era combinar las buenas prácticas del JRS en todo el mundo con las contribuciones desde la filosofía moral de miembros del Boston College, un estudioso musulmán y un monje budista camboyano. Se trataba de desarrollar una comprensión interreligiosa unificada de la reconciliación, que el JRS pudiera utilizar para acompañar mejor a los refugiados en su camino.

"Tuvimos el privilegio de conocer la práctica del perdón de antiguos refugiados en Camboya, que padecieron el dolor del desplazamiento forzoso bajo el régimen del Khmer Rouge y el largo camino hacia el perdón", dijo Junita Calder, responsable de advocacy del JRS Asia Pacífico.

Sok Eng, una mujer elegante, de edad indefinida y sonrisa plácida, sobrevivió a la evacuación de Phnom Penh y a años de trabajos forzosos en el campo camboyano en la década de los setenta. Nos compartió su devastadora historia personal de persecución y retorno, una experiencia habitual para miles de personas desplazadas durante el régimen del Khmer Rouge entre 1975 y 1979, responsable de más de un millón de ejecuciones y bajo el cual, según la ONU y la Cruz Roja, se estima que 2.250.000 personas murieron de hambre, malnutrición y enfermedades relacionadas.

Sok Eng cree que se libró de la tortura, la muerte y el ahogamiento en varias ocasiones porque tenía integridad y estaba dispuesta sólo a rendirse a un poder superior, que ahora llama Dios.

"[En el campo de trabajo] siempre traté de trabajar duro y ser honesta, pero a veces ni siquiera esto servía. Me arrastraban hasta los interrogatorios de todos modos. Cuando no tenía ya fuerzas suficientes, me desprendía de mis posesiones materiales y aceptaba que lo que tenía que pasarme, me iba a pasar; gracias a esta confianza logré sobrevivir", dijo Sok Eng.

La fe ayudó a Sok Eng a volver finalmente a la misma área donde la llevaron a trabajar para vivir en paz con quienes la habían encarcelado, los mismos que se mostraron indiferentes cuando su familia moría de hambre y agotamiento.

Antes de celebrar la misa y orar juntos a orillas de la Represa de Trapeang Thmor, construida por Sok Eng y otros cientos de trabajadores forzosos, muchos de los cuales perecieron, la mujer compartió públicamente lo largo y difícil que puede llegar a ser el camino del perdón.

"Debo confesar, Padre, que aún no he terminado el trabajo del perdón en mi propio corazón... pero ya he recorrido un largo camino... y voy a seguir intentándolo", dijo.

Tu reflexión
Que el espíritu, la confianza y la perseverancia de Sok Eng para perdonar nos inspiren a todos en nuestro acompañamiento a los refugiados en su recorrido. Tengamos una especial simpatía por los que regresan a sus países de origen, donde fueron maltratados, por aquellos a quienes la geografía que les rodea les recuerda diariamente su dolor y todo lo que perdieron.

No es fácil recorrer por nosotros mismos el viaje de la reconciliación, admitir que no siempre podemos resolver las injusticias, ni perseverar frente a ella, ni perdonar a nuestros enemigos. A veces, es posible que tengamos que confiar en algo que está más allá de nosotros mismos.

¿De dónde sacas tu fuerza? ¿En quién pones tu confianza? ¿Qué te inspira a perdonar?